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Vivir con Miedo a la Deportación (1ra Parte)

Thursday, August 16th, 2018

Este blog fue escrito por personal de la Facultad Suzanne Dworak-Peck de Trabajo Social de la Universidad de California del Sur (University of Southern California, USC) y su publicación original puede encontrarla aquí. Casa de Esperanza solicitó permiso para volver a publicarlo como parte del blog de la Red Nacional Latina.

De acuerdo a la Doctora Concepción Barrio, profesora asociada de la Facultad Suzanne Dworak-Peck de Trabajo Social de la Universidad USC, vivir con el temor constante a ser detenid@ o deportad@ está afectando de manera dañina la salud mental de personas indocumentadas y sus familias. “Lo cierto es que les crea a las personas una atmósfera constante de miedo constante y nerviosismo”, dijo la profesora. “Tienen miedo de salir a la calle, de parecer fuera de lugar en ciertos vecindarios; y temen salir para buscar trabajo.”

L@s niñ@s que son indocumentad@s o cuy@ padre/madre o la persona responsable de su cuidado es indocumentad@ se vuelven especialmente vulnerables a los retos que representa la separación familiar para la salud mental, causando cambios dañinos en el comportamiento infantil y pudiendo interrumpir de manera considerable el desarrollo en la niñez.

“Imagínese si su familia fuera separada de manera forzosa. Esto puede tener por  muchos años una repercusión en los miembros de la familia,” agregó la Dra. Barrio.

Efectos del Estrés sobre l@s Niñ@s

Entre las personas indocumentadas que han violado las leyes migratorias y no son criminales, están aquellas que tienen niñ@s. El Instituto sobre Políticas Migratorias (Migration Policy Institute, MPI) estima que entre los años 2009 y 2013 más de 5 millones de niñ@s menores de 18 años — 4.1 millones de ell@s ciudadan@s american@s- vivían con un padre o una madre indocumentad@.

Existe poca información sobre la cantidad de niñ@s cuyos padres o madres han sido deportad@s. No obstante a ello, MPI ha estimado que por lo menos 500,000 personas  deportadas entre los años 2009 y 2013 probablemente eran padres o madres; lo que implica que aproximadamente la misma cantidad de niñ@s ciudadan@s estadounidenses se vieron afectad@s.

No importa si l@s niñ@s son o no indocumentad@s; si en su familia tienen a personas que son indocumentad@s, no van a verse protegid@s contra vivir bajo el miedo constante de que se lleven a sus seres queridos sin previo aviso.

“Cuando l@s niñ@s están traumatizad@s, ese trauma es un punto crucial en sus vidas que va a definir cómo se ven a sí mism@s (cómo se identifican: como persona de color, american@s, mexico-american@s, jóvenes, estudiantes)”, dijo la Dra. Barrio.

“Solamente saber que tus padres son indocumentados, aunque no estén en proceso de ser deportad@s; esto produce un estado de estrés continuo de consecuencias emocionales y psicológicas,” dijo la Dra. Barrio.

L@s niñ@s que viven bajo un estrés intenso o que lo sufren por largos períodos de tiempo (lo que a veces se conoce como ‘estrés tóxico’) durante sus años formativos y que no necesariamente cuentan con el cuidado de un/a adult@ y la apropiada intervención, su sistema de respuesta ante el estrés puede sobrecargarse, lo que como resultado afectará físicamente ciertas funciones del cerebro como el aprendizaje y el razonamiento.

“El cerebro de l@s niñ@s sigue desarrollando hasta que llegan a los 22 años, por lo que son muy vulnerables a los procesos biológicos que afectan el cerebro durante los años de desarrollo”, dijo Barrio.

La doctora señaló que aunque el desempeño académico suele ser la manera más medible de mostrar los efectos de este estrés; también añadió que muchas de las familias que ella ha visto enfrentarse a situaciones de este tipo también han reportado la presencia de trastornos relacionados con la salud mental.

De acuerdo a MPI, much@s niñ@s cuyo padre o madre ha sido detenid@ o deportad@ experimentan depresión, ira y aislamiento social; los cuales se ven manifestados en comportamientos erráticos de la salud física y mental como negarse a comer, hacerse daño a sí mism@s (self-harm), dificultades al dormir y dolores crónicos de cabeza y estómago. Una encuesta llevada a cabo por la organización Aliad@s por el Beneficio Humano (Human Impact Partners) hizo eco a estos hallazgos y reportó que aquell@s jóvenes que tienen al padre o a la madre, o a ambos, indocumentad@s; con frecuencia reportaron sentirse con timidez e ira — para un 29 y un 46 por ciento respectivamente— debido al peligro de que sean detenid@s o deportad@s.

La Asociación Americana de Psicólog@s (American Psychological Association) señala que los efectos a largo plazo causados por el trauma asociado con la deportación de un padre o madre, puede también causarles a l@s niñ@s problemas serios de salud y emocionales como son los trastornos por estrés postraumático, el desarrollo pobre de su identidad, dificultades para establecer relaciones, falta de confianza en las instituciones y figuras de autoridad, así como dificultades académicas y de comportamiento en la escuela.

“Cuando l@s niñ@s están traumatizad@s, ese trauma es un punto crucial en sus vidas que va a definir cómo se ven a sí mism@s (cómo se identifican: como persona de color, american@, mexico-american@, jóvenes, estudiantes)”, dijo la Dra. Barrio.

Además de estas consecuencias individuales, una deportación también puede causar el deterioro de relaciones familiares esenciales y la disolución de la red familiar, lo que a veces obliga a que el/la menor termine en el sistema de cuidado adoptivo del estado (foster care). A menudo las familias donde hay inmigrantes indocumentad@s, tienen no sólo que lidiar con este obstáculo sino que también enfrentan discriminación, racismo y son etiquetad@s racialmente.

Manténgase al tanto de la Segunda Parte de este blog que será publicada la próxima semana, donde discutiremos consejos y prácticas profesionales efectivas para crear espacios seguros para familias que tienen que lidiar con el estrés producido a causa de su estatus legal.

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