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Liberadas del Centro de Detención: Sobreviviendo el Patrón de Encerramiento

Thursday, July 18th, 2019

Un hombre mexicano con cara triste y la bandera EE.UU. alrededor de sus hombres*Advertencia. Por favor tenga en cuenta que este blog usa un lenguaje y contenido que puede causar reacciones a quien lo lee.

La información en este blog proviene de un informe de investigación de la Red Nacional Latina, un proyecto nacional de Casa de Esperanza y la Universidad de St. Edward’s. Descargue el informe completo aquí: http://nationallatinonetwork.org/images/Family_Detention_Report_copy_ESP.pdf 

Una Vez Liberadas: Sobreviviendo el Patrón de Encerramiento

Este estudio revela una multitud de necesidades y riesgos inmediatos y a largo plazo que enfrentan las mujeres tras su liberación. Antes de ser puestas en libertad, con frecuencia no reciben información ni se les notifica por adelantado de que van a ser liberadas. Por el contrario, las participantes en el estudio describieron haber sido puestas en libertad de repente, a menudo tarde en la noche y sin medios ni ayudas para encontrar alojamiento seguro. Los/as proveedores/as de servicios describieron situaciones de mujeres que habían sido dejadas en la ciudad en una estación de autobuses tarde en la noche con dos niños/as pequeños/as, sin saber lo que iban a hacer ni a dónde dirigirse y sin suficientes alimentos, sin suministros ni dinero para comprar billetes de autobús para poder llegar a su destino. Entre las necesidades que tienen a largo plazo se encuentran: la necesidad de atención médica, servicios de atención a su salud mental, empleo, representación legal y apoyo y conexiones sociales.

Las participantes describieron haberse enfrentado a obstáculos tremendos de acceso a los servicios y apoyos necesarios para satisfacer tanto necesidades inmediatas como a largo plazo surgidas postdetención. Describieron carecer de tratamientos médicos o medicinas de importancia, debido al costo de los mismos o porque no tenían seguro de salud, a la vez de tener necesidades continuas de atención de salud por tener depresión, trastornos por estrés post traumático o pensamientos de suicidio. Una sobreviviente hondureña dijo que no podía esperar a hablar
con alguien “que me escuche sin juzgarme”. Los/as proveedores/as de servicios también describieron opciones precarias de vivienda para las mujeres post-detención. Muchas pagan su alquiler sin la existencia de contratos y corren constantemente el riesgo de poder en cualquier momento quedarse sin vivienda. Una mujer reportó que a pesar de encontrarse en proceso de espera de una decisión a su solicitud de asilo, se hallaba sin papeles ni ningún otro documento que poder presentar a dueños/as de viviendas para obtener un alquiler. “No podía conseguir apartamento, ya que no tengo ningún papel americano”.

“La gente necesita un lugar seguro, sin peligro donde puedan tener algo de libertad para poder ser ellas mismas y cocinar su propia cena y usar la ducha a ciertas horas. Simplemente contar con el espacio para retirarse y volver a centrarse en sí mismas y cuidar de sí mismas.” -Proveedora de Servicios Sociales

Añadido a la falta de acceso a servicios sociales convencionales y de ayudas, y contribuyendo a la criminalización de las mujeres previamente detenidas; muchas contraen deudas para poder pagar las fianzas y los pagos que les exigen hacer por el uso de las tobilleras de monitoreo con las que tienen que vivir. Para poder salir en libertad muchas mujeres se ven obligadas al pago de fianzas de cantidades de $7,000, $10,000 ó $15,000, cantidades que tienen que cubrir su totalidad. Muchas se encuentran todavía endeudadas con quienes les prestaron ayuda para poder realizar su viaje a los EE.UU., por lo que no les es posible pagar una fianza. Las sobrevivientes reportaron caer en deudas aún mayores con las personas que pagaron sus fianzas. Además, a algunas mujeres, una vez liberadas de la detención, el
gobierno las obliga a llevar tobilleras para monitorearlas. Las participantes describieron estos grilletes como una fuente de dolor, humillación y criminalización; así como un obstáculo importante que les dificulta poder hallar empleo. Es posible que quienes las pudieran emplear no quieran contratar a una persona que lleva un monitor en el tobillo, ya sea porque ello le causa sospechar de la persona o porque no quieren que eso ponga a otros/as trabajadores suyos (indocumentados/as) bajo riesgo. Además, aquellas que llevan monitores de tobillos sólo tienen permitido moverse dentro de ciertos límites geográficos que han sido establecidos para ellas y les exigen permanecer en casa para su constante monitoreo, lo que impide aún más que cuenten con opciones de empleo. Las sobrevivientes reportaron no haber sido informadas del por qué les habían puesto el monitor ni cuándo se lo iban a quitar. A otras les habían dicho que la duración dependería de su comportamiento, pero ellas no tenían claro lo que significaba eso.
Una sobreviviente de Honduras dijo, “ellos no te dicen ni por qué te lo ponen, ni cuándo, ni nada”.

A diferencia de las tobilleras de monitoreo que pertenecen al gobierno, algunas mujeres se vuelven dependientes de una compañía privada (Libre by Nexus) que les ofrece pagarles su fianza si la mujer está de acuerdo con ponerse la tobillera de monitoreo de la cual la compañía es dueña y hacer pagos mensuales por el uso de la misma. Cuando esto sucede, esta compañía pasa a tener el poder y control sobre ellas. A muchas mujeres también se les requiere, una vez liberadas, que periódicamente se presenten a Inmigración y Control de Aduanas para lo que se conoce como chequeos de ICE. A algunas se les exige encima que asistan a un sitio diferente para chequear regularmente sus tobilleras de monitoreo.

Las mujeres pasan dificultades increíbles para encontrar una manera de transporte para llegar a estos chequeos, algo que les dificulta aún más que puedan encontrar una oportunidad de empleo e integración social. La vivienda precaria, altas fianzas y obstáculos para obtener empleo incrementan su vulnerabilidad para ser explotadas y caer víctimas de otros abusos. Además, muchas mujeres que solicitan asilo tienen que esperar un largo tiempo para que les otorguen permiso de trabajo. Una proveedora de servicios compartió, “Hay personas que pasan por el proceso completo sin nunca ser autorizadas (a trabajar) hasta que reciben el asilo. Esto hace a la gente muy vulnerable a la trata humana y el crimen”. De hecho, los/as proveedores/as de servicios reportaron que ser explotadas es casi una consecuencia inevitable, “sin un permiso de trabajo no pueden conseguirse un trabajo sin papeles ni intentar otras maneras por lo que, sin dudas, van a ser explotadas”. La existencia de fianzas también puede facilitar la trata humana. Una proveedora de servicios anotó, “las fianzas vuelven a las mujeres susceptibles a la trata humana, a tener que pagar con servicios y a esclavitud sexual”, y otra planteó: “Si traemos a esta gente dentro de nuestro país sin un
permiso de trabajo y debiendo $10,000 o $20,000 dólares, ¿qué crees que va a pasar? No es difícil imaginárselo”. Otros/as describieron el peligro de ser agredidas sexualmente (“ser agredidas sexualmente en el trabajo donde no pueden protestar porque podrían perder sus empleos”) o de sufrir violencia doméstica repetidamente (“Acabas
siendo sometida a la misma violencia porque todavía estás vulnerable y ahí terminas dependiendo de otra persona que te trata horrible”.) Los/as participantes en la investigación reportaron que se hace poco para evitar tales formas de victimización.

Finalmente, la experiencia post-detención está caracterizada por la espera. Los/as proveedores/as de servicios describieron a las mujeres viviendo en un estado de limbo, o dentro de un patrón de encerramiento, “logran alcanzar esta vida, pero es una vida tan incierta”. Durante este período post-detención las mujeres enfrentan cambios numerosos, retrasos en sus audiencias de la corte y posposiciones en las soluciones a su estatus migratorio. Esto crea dificultad particularmente con los casos de asilo. Como reportó un abogado de inmigración, “no sólo les hacen recordar todo [los detalles de la persecución o la violencia], sino que tienen que recordarlo para poder contar detalles
específicos como si hubiera ocurrido ayer”. Estos retrasos en el proceso y los cambios de fechas suceden de manera continua y crean también en ellas una peligrosa sensación de encontrarse en alerta constante y de mucha tensión. “Tal vez te digan que en un mes vas a tener una audiencia y entonces de repente te dicen que la misma tendrá lugar en cinco años, pero entonces de pronto la sacan más temprano. Y resulta que entonces va a ocurrir en un año. También lo opuesto pasa, pensaste que ibas a tener una audiencia en el 2019, y entonces de repente encuentras que de hecho llegó a tu casa una notificación diciéndote que tienes una audiencia al día siguiente.”

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