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Historia de Una Sobreviviente que Navega el Proceso de Petición a Inmigración para un Familiar

Thursday, September 7th, 2017

Statue of Liberty immigration family petition PTSDPor: Anónimo

Por favor note que esta entrada de blog contiene lenguaje y contenido que podría traer recuerdos y causar reacción a algunas personas que lo lean.

Incluso conversar con nuestro abogado de inmigración resulta difícil. El miedo de que nos dé noticias desalentadoras respecto a nuestro caso parece ejercer gran peso sobre mi esposo y sobre mí cuando en silencio vamos camino a su oficina en nuestro carro. Mi esposo mira a su alrededor con nerviosismo mordiéndose las uñas y moviendo su pierna constantemente.

“¿Estás bien?”- le pregunté.

“Siento un poco de miedo” – admitió.

“Yo también.”

Hemos visitado la oficina del abogado varias veces y siempre que lo hacemos necesitamos reunir fuerzas y luego tenemos que lidiar con la resaca emocional que nos queda. Mientras seguimos en el carro pasamos letreros, otros carros que llevan calcomanías en la defensa, y banderas que sirven como recordatorio de que uno de nosotr@s dos es bienvenido aquí. El mensaje es claro y es directo.

Yo nací en los Estados Unidos y mi esposo nació en México. Su familia salió huyendo de la violencia en su país hace 11 años y vino a los Estados Unidos buscando vivir una vida segura y tranquila. Él y yo nos conocimos hace nueve años y nos casamos en el 2014. Trabajamos duro, también hacemos trabajo voluntario en la comunidad, llevamos vidas libres de cualquier actividad delictiva, cuidamos de un jardín impresionante en el patio de nuestra casa y alimentamos demasiados gatos abandonados.

Recientemente ha habido un incremento en la retórica de odio y propuestas de leyes que sostienen que l@s inmigrantes – con o sin documentos- no aportan contribución alguna de importancia a esta sociedad si realizan trabajos no cualificados. El argumento es que la gente que viene a este país solo se casa con ciudadan@s estadounidenses para tener una excusa para quedarse. No solo es esa una acusación falsa sino que es extremadamente incierta. La santidad del matrimonio es tan importante para las personas que tienen documentos como para las que no. Además, el proceso para obtener naturalización mediante el matrimonio no es fácil.

Mientras estamos en el carro esperando a que cambie la luz del semáforo, mi esposo se disculpa por vez enésima y me pide perdón por ponerme en esta situación. Le respondo como siempre lo hago, diciéndole que yo sabía lo que hacía cuando acepté pasar con él el resto de mi vida.

Pero lo cierto es que yo no tenía la más remota idea.

Como parte de nuestra petición a inmigración por matrimonio, mi esposo y yo –por requerirlo las leyes federales- tendríamos que separarnos por un año. A él lo mandarían a México y yo iba a tener que quedarme aquí. Un privilegio mío por ser ciudadana sería que podría visitarlo, sufragando los gastos de viaje con dinero de mi propio bolsillo; pero él no podría venir a verme. Sin embargo, en el año 2014, el Secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Jen Johnson, emitió un memorándum ordenando a USCIS a “extender los parámetros de elegibilidad para que el programa de exención provisional incluyera otras categorías vinculadas con la familia y proveyera orientaciones adicionales en la definición de lo que se consideraba ‘dificultad extrema’.”[1] Esta exención por dificultad extrema haría posible que mi esposo pasara en México dos meses en vez de todo un año, si es aprobado.

Como sobreviviente de violencia doméstica y abuso sexual, mi pasado juega un rol importante en el caso de inmigración de mi esposo. La solicitud de exención por dificultad en nuestro caso depende en gran medida de la activa participación de mi esposo en mi recuperación y su capacidad de ayudarme a lidiar con el estrés pos-traumático resultante de años de abuso que sufrí cuando yo era más joven. Pero para poder probarlo voy a tener que ir a ver a un/a terapeuta especializad@ en asuntos de inmigración que esté aprobad@ por la corte y obtener un reporte escrito que ateste la validez de mi trauma y si el amor y apoyo de mi esposo es lo suficientemente crucial o no lo es para mi salud mental.

En breve, ahora yo voy a tener que enfrentar algunos demonios oscuros y admitir públicamente el abuso que sufrí y mis vulnerabilidades personales después de años de silencio o si no el gobierno federal va a quitarme a mi esposo. Ya no soy una víctima, más bien soy una sobreviviente y me encuentro por eso en un momento de mi proceso de sanación donde me siento preparada para compartir mi historia, tan difícil como esto pueda resultarme. Pero cuando me imagino parada en una sala de la corte, elevando mis ojos para mirar a un/a juez/a auster@, pidiéndole que escuche mi historia y tome una decisión respecto a mi familia sobre la base del alcance de mi dilema personal, me siento intimidada. De hecho, me siento aterrorizada.

Pero también reconozco que soy increíblemente afortunada. Mientras permanecía sentada en el salón de espera de la oficina de abogad@s, me puse a observar a las familias que esperaban conmigo. Muchas de las personas provenían de orígenes socioeconómicos pobres. Muchas sin seguro de salud. Muchas sin espos@s o familias comprensiv@s.  Muchas con temor de perder a sus hij@s que nacieron en los EE.UU. Muchas sin saber hablar el inglés  ni mucho menos poder entender en inglés la jerga legal. Estas familias eran reservadas, serias y nerviosas. Me di cuenta de que tod@s tenían tanto miedo como nosotr@s. Tod@s aman también a sus familias y no quieren perderl@s.

Mientras el abogado estaba hablándonos de nuestra situación, mi mente se distanció a un tiempo en que yo no podía dormir de noche cuando mi esposo y yo sólo éramos amigos. En una de mis severas manifestaciones de estrés pos-traumático me había quedado despierta toda la noche mordiéndome la lengua, llorando y halándome el cabello por. Mi esposo me había sostenido cerca de sí y me había dicho con ternura que todo saldría bien. Y yo le creí. Eso me hizo recordar que lo que yo estaba haciendo por él era pálido comparado con lo que él ha hecho por mí a través de los años.

Mientras nos alejábamos en el carro de la oficina del abogado una vez terminada la reunión, mi esposo y todavía éramos un manojo de nervios y ansiedad. Y aunque ni él ni yo hemos cometido crimen alguno, nuestro caso no carece de riesgos y no hay garantía de que tengamos éxito. Es aún posible que después de que deje mi corazón en un montón de papeles todavía nos pueden rechazar. Si ese es el caso no podríamos apelar ni habría otro remedio. Mi esposo y yo nos hablábamos con voces temblorosas analizando si queríamos continuar o no con el proceso.

Fue entonces cuando él me dio una sonrisa destellante y dijo: “Ah, ¿de todos modos a quién le importa lo que nadie pueda pensar sobre nosotr@s?  Yo pienso que somos formidables. Todo va a salir bien. Lo sé.”

Y yo le creo.

[1] https://cliniclegal.org/resources/uscis-explains-extreme-hardship-and-how-it-applies-certain-waiver-applications

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