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Encerrada como un animal: Unas mujeres describen su experiencia en los centros de detención de los EE.UU.

Friday, July 5th, 2019

Madre e hijo de pie, tomados de la mano, frente a una cerca de alambreLa información en este blog proviene de un informe de investigación de la Red Nacional Latina, un proyecto nacional de Casa de Esperanza y la Universidad de St. Edward’s. Descargue el informe completo aquí.

Durante la Detención: Encerrada como un Animal*

Sin importar la manera en que las mujeres cruzaron la frontera con los EE.UU., ya fuera entregándose en uno de los puntos de entrada al país para solicitar asilo o ya fuera aprehendidas al cruzar la frontera ilegalmente; muchas son detenidas durante varios días en sitios dedicados para la detención de personas, los cuales son conocidos como hieleras y perreras. Estas instalaciones para la detención a corto plazo de inmigrantes son administradas por los Servicios de Aduanas y Protección Fronteriza de los EE.UU. Las hieleras o “congeladoras” recibieron este apodo debido a las bajas temperaturas a las que siempre las mantienen. Además de sufrir las frías temperaturas, las sobrevivientes también describieron las condiciones inhumanas a que son sometidas en estas hieleras, donde les quitan sus pertenencias y duermen en suelos de cemento, con casi nada para ellas o sus hijos/as protegerse del frío. Julia describió la experiencia de cuando fue puesta en la hielera: “desde que uno ingresa a la hielera uno se siente como animal, como que no valiera nada”.

Después de pasar tiempo en la hielera, muchas mujeres fueron transferidas a instalaciones de otro tipo para ser detenidas temporalmente, a las cuales se les llama perreras, por la similitud que existe entre estas instalaciones y jaulas para perros. En la perrera, las mujeres fueron separadas de sus hijos/as menos pequeños/as y/o de sus esposos. Las mujeres fueron transferidas de la perrera para una instalación de detención a largo plazo, con frecuencia sin haber recibido ningún tipo de información sobre lo que les estaba sucediendo ni por qué. Tanto las sobrevivientes como los/as proveedores/as de servicios se refirieron constantemente a estas instalaciones como que eran similares a
prisiones.

“Si observas sus experiencias cuando vienen para acá, ellas prácticamente lo dejan todo atrás. Las pocas cosas que traen consigo, cuando los patrulleros de la frontera las recogen y las ponen en detención, se las quitan. Se quedan sin nada. En cada punto de contacto que tienen cuando llegan a este país, les quitan sus cosas. Su libertad, todo.” -Proveedora de Servicios

“Nos trajeron a Karnes donde nos dijeron que era como un albergue para familias, un hogar. Cuando llegamos a Karnes miramos que había una barda como de alambre de ciclón y arriba tenía serpentina. Le dije yo a mi hija, ‘un albergue tan seguro, mija?’ Y así en la entrada había unas puertas muy chulas de vidrio que decían “Residential Karnes” pero solo era la fachada porque cuando entras te das cuenta de que no es un residencial, es una cárcel, una cárcel para familias, familias como yo que no tienen a nadie en los Estados Unidos, que vienen, sólo por el hecho de estar vivos y de querer ver a sus hijos grandes y vivos, que salgan bien el día de mañana.“ -Sobreviviente hondureña

Durante períodos de tiempo que van desde varias semanas a varios meses en la instalación, las necesidades básicas no son satisfechas adecuadamente. Las sobrevivientes describen las pobres opciones de comida que les dieron y las dificultades que tenían para dormir debido a los efectos de la persecución que habían salido huyendo, los miedos de que las devolvieran a la violencia o el abuso y los chequeos de habitaciones cada noche que perturbaban sus hábitos de sueño.

Las sobrevivientes y los/as proveedores/as de servicios también mencionaron las necesidades importantes y frecuentes de atención a la salud física y mental que surgieron como resultado de la violencia sufrida previamente, el trauma y/o enfermedades no tratadas que surgieron durante el viaje a los EE.UU., como también enfermedades que surgieron cuando estaban en detención. Aunque en los centros donde son detenidas las mujeres se proveen servicios médicos, los mismos continúan siendo deficientes. Por ejemplo, una mujer reportó que le habían quitado su aparato del asma y sin el mismo había sufrido dificultades para respirar. Otras explicaron que les habían hecho rayos-x u otros exámenes médicos, los resultados de los cuales nunca se los dieron.

Los/as participantes en la investigación también describieron un estado de confusión permanente y una falta de información sobre lo que estaba pasando, por qué estaba pasando y qué sería lo siguiente que podía pasar. Por lo general, los oficiales del gobierno o el personal de los centros de detención no proveen información razonable sobre los procedimientos de detención e inmigración, ni los proveen de una manera lingüísticamente apropiada, especialmente si se trata de personas que hablan los lenguajes indígenas. En algunas instalaciones regularmente se permite la entrada de representantes de servicios legales externos que vienen para proveer talleres breves sobre los
derechos de las personas detenidas y proveer asesoría legal, aunque la capacidad es limitada y estos servicios no llegan a todas las personas detenidas. Además de la confusión general existente y la total falta de información y entendimiento sobre los procesos y sistemas que las rodean; las sobrevivientes y los/as proveedores/as de servicios reportan que las políticas y reglas de inmigración están siempre cambiando. María subrayó, “migración nos dice una cosa, luego al día siguiente nos dice otra cosa.”

“Solíamos siempre decirle a la gente [que buscaban asilo] esto, y ahora no ya no podemos decírselo. Ya las cosas no existen con certeza. Solíamos pensar que lo teníamos difícil, pero en realidad existíamos dentro de un trabajo donde existían ciertas certezas. Ya no existen certezas. Simplemente tratamos de aconsejar a la gente lo mejor que podemos, pero lo hacemos con cautela. Ya no existen absolutos.” -Abogada de Inmigración

Planteó un abogado/a de inmigración, “las políticas cambian cada par de días. ¿Vas a ser puesta en libertad si pasas la entrevista sobre la credibilidad de tu miedo a regresar? ¿ICE va a fijarte una fianza? ¿Se negará ICE totalmente a fijarte una fianza? ¿Tendrás que comparecer ante un juez de inmigración para ver si puedes salir en libertad?” Esta atmósfera mantiene a las mujeres que están bajo detención y a los/as profesionales que les proveen servicios en un
constante ciclo de distracción, inestabilidad y riesgo. Aunque las participantes se referían constantemente a los temas arriba mencionados, debe anotarse que algunas reportaron haber tenido experiencias neutrales o positivas durante el tiempo que estuvieron detenidas. A menudo esto fue reportado cuando las mujeres estaban comparando sus  experiencias previas a ser detenidas. En otras palabras, esto fue reportado cuando las mujeres estaban comparando su experiencia de detención con las experiencias de violencia y persecución mientras huían de su país de origen o
cuando estaban emigrando. Por ejemplo, una sobreviviente hondureña comentó: “En parte sí me sentí segura y protegida debido a lo que yo había vivido atrás.”

Una proveedora de servicios de la salud mental explicó, “para algunas personas, estar detenidas representa estar fuera del peligro de lo que afuera las había estado persiguiendo, tener tres comidas al día y una cama donde poder dormir. Para otras personas, los centros de detención son lugares donde se vuelven a traumatizar, un nuevo trauma con el cual tienen que lidiar.”

*Esta expresión “encerrada como un animal,” es una cita verbal con la que una participante se refirió a su detención.

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