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Cómo las mujeres y sus hijos/as detenidos/as en la frontera pueden llegar a sentirse re-traumatizadas/os

Thursday, July 11th, 2019

las siluetas de una madre y su hijo agarrandose de la mano detras de una cerca de alambreLa información en este blog proviene de un informe de investigación de la Red Nacional Latina, un proyecto nacional de Casa de Esperanza y la Universidad de St. Edward’s. Descargue el informe completo aquí.

Se Repite la Violencia y el Trauma

Una enorme cantidad de las mujeres que se encuentran en detención por motivos de inmigración son sobrevivientes de violencia, abuso y trauma; quienes sufrieron directamente la violencia o estuvieron expuestas a acontecimientos tremendamente dolorosos y traumáticos antes de que fueran detenidas. Muchas específicamente salieron huyendo de situaciones serias de violencia doméstica y sexual en su país de origen y dejaron detrás a sus seres queridos y sistemas de apoyo para salir en búsqueda de seguridad y protección para sí mismas y sus hijos/as. Estas experiencias previas terminaron mezclándose con haber sido expuestas a situaciones de violencia a manos de pandillas, femicidio, explotación y trata humana. Las mujeres y los/as niños/as llevan consigo estas historias de trauma y violencia cuando caen en los centros de detención. La naturaleza restrictiva de las instalaciones donde son detenidas, el alto control sobre sus movimientos y los estrictos horarios que allí existen pueden actuar como desencadenantes de reacciones negativas para su salud mental, reacciones que se hallan conectadas a la violencia de género que habían sufrido en el pasado.

Las condiciones similares a las de las prisiones, de estos centros de detención, y la falta de información en la que se mantiene a las personas detenidas son factores considerables si se tienen en cuenta los traumas que pasaron la mayoría de las mujeres antes de haber sido detenidas. Una proveedora de servicios de atención a la salud mental señaló al explicar el trabajo que realiza en los centros de detención, “una de las cosas que realmente me afectó fue el nivel de trauma que estas mujeres han vivido”. Otra reportó, “No puedo recordarme de una sola clienta del sexo femenino a quien yo haya representado que no haya sido agredida sexualmente. Todas lo han sido. Sucede todo el tiempo”.

Los/as proveedores/as de servicios describieron haber presenciado entre las mujeres detenidas una gran gama de reacciones relacionadas con el trauma, por ejemplo, sentir un miedo constante y creer siempre que estaban bajo peligro, dificultades a la hora de dormir, pensamientos intrusivos, sentirse excesivamente vigilantes, tener sentimientos de vergüenza o culpabilidad, pensar sobre el suicidio o intentar el suicidio. Los/as proveedores/as participantes describieron estas reacciones como respuestas vinculadas a las experiencias ocurridas antes de la migración, durante la migración y/o como reacción a la estancia misma de las mujeres bajo detención.

Los servicios de atención para la salud mental cambian de una instalación de detención a la siguiente, aunque a menudo hay psicólogos/as y otros/a proveedores/as de atención a la salud mental disponibles para consultas breves. Aunque en algunas instalaciones se organizan regularmente actividades recreativas y de entretenimiento como, por ejemplo, película y palomitas de maíz los días viernes; las necesidades sociales y emocionales continúan abordándose de una manera inadecuada. Las mujeres reportan sentirse solas y aisladas, y el constante monitoreo y horario estricto al estilo militar dificulta su posibilidad para entre ellas ofrecerse y recibir apoyo social. Las respuestas de los/as participantes demuestran que en sentido general no está aplicándose con las mujeres un enfoque con conocimiento del trauma; especialmente en lo que respecta a la falta de información y transparencia que existe, la carencia de opciones y toma de decisiones por sí mismas, el uso de intimidaciones y amenazas, las reglas que cambian constantemente, los grandes desbalances de poder, la falta de seguridad emocional y la criminalización de quienes solicitan asilo.

Además, las respuestas al trauma se agravan o exacerban al asistir a audiencias de la corte donde se toman decisiones que son cruciales en sus vidas y donde tienen que dar su testimonio, algo que es muy difícil y que puede causarles aún más trauma. A estas audiencias tienen que asistir desde un lugar tan poco apropiado y lleno de restricciones como son los centros de detención. Las respuestas al trauma, la falta de información sobre el proceso en el que están inmersas y la falta de confianza en los oficiales impide aún más la habilidad de las mujeres de ajustarse a lo que se espera de ellas durante el proceso judicial de su solicitud de asilo.

Quienes participaron en la investigación también se refirieron al entorno de detención como un espejo o réplica de los patrones y las características de poder y control que son emblemáticas de la violencia doméstica y de la trata humana. En otras palabras, las prácticas y condiciones presentes en la detención funcionan como réplica o reminiscencia de las tácticas de control que usan las personas abusivas o los/as traficantes de personas. Entre estas tácticas se encuentran: la restricción de la movilidad; el mantener a mujeres y niños/as en las frías hieleras; el mantener las luces encendidas todo el tiempo; interrumpir constantemente el sueño de las personas con los chequeos de camas; insultar y humillar a las mujeres detenidas; no proveer información; el cambio constante en las reglas y expectativas; la restricción del acceso a ayudas; el aislamiento de las mujeres entre sí; la separación de las mujeres de sus hijos/as y la comunidad; la intimidación; y las amenazas. Cuando una mujer le preguntó a un oficial de  inmigración cómo podía obtener una concesión que la eximiera de pagar una fianza de $7,500 para la cual no tenía dinero, el oficial le respondió amenazándola, “ya no me sigas preguntando porque voy a subirte la fianza”.

Las entrevistas para este estudio se realizaron antes de la primavera de 2018, cuando se pusieron en efecto las políticas de “cero tolerancia” por parte del Departamento de Justicia de los EE.UU. que dieron como resultado que una gran cantidad de niños/as fueran separados/as de sus madres (y padres). No obstante a ello, las separaciones familiares habían estado sucediendo de diferentes formas antes de que se implementara la política de “cero tolerancia”. Algunas mujeres fueron separadas o aisladas de sus hijos/as cuando estaban en detención. Una
proveedora de servicios explicó cómo acudió a atender la traumática reacción de una mujer a quien le habían quitado
a sus hijos/as: “Cogieron al niño de ocho meses y a la de tres años de edad y los pusieron en un salón. Separaron a la madre de sus hijos. Los pusieron en un salón contiguo al salón donde estaba la madre, pero la madre no podía estar en contacto con ellos. Y ahí empezó la madre. Se puso como loca. Ya sé que no es un término clínico, pero no sé de qué otro modo lo podría llamar.”

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